No deja de ser irónico que un joven adulto de casi (nótese, casi) veintitrés se ofrezca a orientar a una niñita olvidadiza y recién llegada a la Facultad que resulta más perspicaz y bastante menos perdida que su otrora seguro de sí mismo tutor. Lo gracioso es que uno siendo más viejo y todo está todavía discutiendo las mismas tonteras con el espejo que la niñita olvidadiza (y bastante menos perdida que su tutor) resolvió hace ya un par de años. Y uno que se cree un rockeroide intelectual… que jura que va a enseñarle algo a su atenta (pero, nótese, olvidadiza) pupila. Y terminas aprendiendo que después del corazón roto, de la separación de los viejos, del corazón roto, de la amiga perdida, del corazón roto... de todo… sigo siendo un niñito perdido (y nótese, olvidadizo también).
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1 comentario:
de ironías y porrazos c hace la vida
ser tutor buena idea, no?
saludos
Nato
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